JCI.
Tres letras que antes eran desconocidas para ti y que hoy tienen un significado realmente profundo, porque incluso forman parte de quien eres. Ser parte de esta organización te convierte en una nueva y mejor versión de ti mismo. El famoso “hay un antes y un después de la JCI” no es un mito… y no lo dudo, porque por ahí pasamos todos. Pero no perdamos el hilo.
La mayoría conocimos la organización porque alguien nos habló de ella, o el conocido del conocido, o porque vimos algo en redes sociales. Pero todo comenzó con un simple: “Solo voy a una reunión”.
¿Recuerdas cómo fue esa primera vez? Tal vez fuiste solo, o alguien te acompañó. Quizás te pareció un grupo de personas un poco raro, todos vestidos formalmente, y por un momento te sentiste como pez fuera del agua… pero esa sensación no duró mucho, ¿verdad? Porque una reunión con los locos de la JCI tiene algo mágico, una esencia que no se puede explicar. Es una energía de compañerismo, de hermandad.
Ese día se sembró la semilla.
La semilla de la expectativa.
De la duda.
De si podrías o no ser parte de ese grupo.
Yo creo firmemente que las oportunidades llegan cuando deben llegar para cada uno de nosotros. Y qué loco es pensar que se puede juntar a tantos desconocidos de una misma ciudad, país o incluso del mundo, porque compartimos un mismo propósito: marcar la diferencia.
Una vez tomada la decisión, empieza el camino.
El reclutamiento —que, aunque no lo creas— termina siendo como una carrera con obstáculos, donde llegan a la meta los mejores (también hay que darnos nuestro mérito, ¿no?).
No se habla mucho de esta etapa, pero son nuestros primeros pasos. Conocemos más de la organización en la que estamos entrando, tenemos un acercamiento real con el trabajo de la OL, vemos de cerca los proyectos… y empezamos a sentirnos parte.
Hasta que, después de pasar todas las pruebas, llega la tan esperada asamblea.
Levantamos la mano derecha, colocamos la mano izquierda lo más cerca de nuestro corazón…
Seré un hombre de fe y de principios;
Juramento JCI
Sostendré la juventud en mi espíritu y en mi corazón;
Seré noble en mis sentimientos y en mis actos;
Seré amigo, compañero y hermano para todos;
Seré un hombre de sacrificio y de bien;
Seré leal y honrado en todo y con todos;
Conservaré sano mi cuerpo y mi mente;
No tendré odios, rencores ni egoísmos;
Sabré perdonar el daño que me hicieren;
Y si los hombres son como mis hermanos;
Los niños serán como mis hijos;
Y los ancianos como mis padres.
Y nos juramentamos, con estas palabras que quedarán guardadas en nuestra mente y cada que las escuchemos, viajaremos en el tiempo y volveremos a ser aquellos que con el corazón palpitando rápido, y que nerviosos entraron a está organización. Desde ese día, somos parte de la Cámara Junior Internacional.
Somos parte de algo.
Algo que será tan grande como las oportunidades que estemos dispuestos a tomar.
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Esta entrada fue escrita por Daniela Vera, miembro de JCI Manta y Asistente Presidencial de JCI Ecuador 2025. Puedes seguirla en Tiktok e Instagram.
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